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Articles by Xochitl Dixon

Arrancar el pecado

Cuando vi una ramita brotando junto a la manguera de nuestro jardín, ignoré el aparentemente inofensivo engendro. ¿Cómo podría dañar nuestro césped una pequeña maleza? Pero a las semanas, había crecido hasta ser un pequeño arbusto que empezaba a apoderarse del terreno, de parte de la acera y otras zonas. Reconociendo su existencia destructiva, le pedí a mi esposo que me ayudara a arrancar de raíz esa hierba mala y poner herbicida.

Tarjetas de oración

Durante una conferencia sobre escritura donde serví como docente, Tamy me entregó una postal con una oración escrita a mano. Me explicó que había leído las biografías de los docentes, escribió oraciones en cada tarjeta y oró mientras nos las entregaba. Conmovido por los detalles de su mensaje personal, le di gracias a Dios por animarme mediante el gesto de Tamy. Cuando luchaba con dolor y fatiga durante la conferencia, Dios renovaba mi espíritu al releer la nota.

Si solo pudiera imaginar

Me senté en la iglesia detrás de una mujer, cuando el grupo de alabanza empezó a tocar una canción llamada «Si solo pudiera imaginar». Adoramos allí, y cuando más tarde me contó sus luchas con la salud, decidimos orar juntas durante sus próximos tratamientos para el cáncer.

Más que vencedores

Cuando mi esposo era el entrenador del equipo de béisbol de nuestro hijo, recompensaba a los jugadores con una fiesta de fin de año y les reconocía sus progresos durante la temporada. Uno de los jugadores más jóvenes, Dustin, se me acercó durante un evento y preguntó: —¿No perdimos el partido hoy?

Misión de rescate

Voluntarios de una organización de rescate de animales de granja en Australia encontraron una oveja errante cubierta con más de 35 kilos de lana sucia y enmarañada. Supusieron que alguien la había olvidado y que estuvo perdida entre los arbustos al menos cinco años. Entonces, la aliviaron mediante el incómodo proceso de esquilar su pesado vellón. Una vez liberada de su carga, Baarack comió. Sus piernas se fortalecieron, y fue adquiriendo más confianza y seguridad a medida que pasaba tiempo con sus rescatadores y los otros animales en el refugio.

El poder de la Palabra de Dios

La Nochebuena de 1968, los astronautas de la Apollo 8 —Borman, Lovell y Anders— fueron los primeros humanos en entrar en la órbita lunar. Mientras giraban alrededor de la luna, compartían imágenes del astro y de la tierra. Durante una transmisión en vivo, se turnaron para leer Génesis 1. En la celebración del 40.° aniversario, Borman dijo: «Nos habían dicho que en la Nochebuena tendríamos la mayor audiencia que haya escuchado una voz humana. La única instrucción que recibimos de la NASA fue que hiciéramos algo pertinente». Los versículos bíblicos leídos entonces aún plantan semillas de verdad en el corazón de quienes oyen la histórica grabación.

Aliento mutuo

Después de otra semana de verme sacudida por más reveses médicos, me hundí en el sofá. No quería pensar en nada. No quería hablar con nadie. Ni siquiera podía orar. El desánimo y las dudas me agobiaban cuando encendí el televisor. Comencé a mirar una publicidad que mostraba a una niña que le hablaba a su hermanito. «Eres un campeón», le dijo. Mientras ella seguía alentándolo, la sonrisa de él fue creciendo… y la mía también.

Esperanza perdurable

Al pequeño Solomon, de cuatro años, le diagnosticaron distrofia muscular de Duchenne, una enfermedad degenerativa. Un año más tarde, los médicos nos recomendaron una silla de ruedas. Pero Solomon protestó porque no quería usarla. Los familiares y amigos oraron por él y juntaron dinero para un perro de servicio entrenado especialmente para ayudarlo y evitar la silla de ruedas mientras sea posible.

Mejor juntos

María, una madre soltera que trabajaba mucho, casi nunca faltaba a la iglesia. Cada semana, tomaba un ómnibus para ir y volver con sus hijos, y ayudaba a ordenar antes y después de las reuniones.

Razones para regocijarse

Cuando la Sra. Glenda entró en el área común de la iglesia, su alegría contagiosa inundó el lugar. Acababa de recuperarse de un difícil procedimiento médico. Mientras se acercaba para nuestro habitual saludo después de la reunión, di gracias a Dios por todas las veces que ella había llorado conmigo, me había corregido con delicadeza y dado ánimo. Incluso me había pedido perdón cuando pensó que había herido mis sentimientos. Siempre me invita a hablar con sinceridad sobre mis luchas y me recuerda que tenemos muchas razones para alabar a Dios.